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La ruta marcada o el camino olvidado: elige tu senda

La ruta marcada o el camino olvidado: elige tu senda

Iniciamos el viaje a píe. Empieza a chispear y la tierra se vuelve barro. No importa, seguimos. Tropezamos y seguimos. Paramos en la posada, un poco de vino especiado y seguimos. Caemos y seguimos. Así hasta el fin. Todo por nuestro objetivo, caminar por y para la Senda.

La Senda y sus parajes, torres grises que luchan por nacer entre la vegetación salvaje. Pequeñas villas con pequeños aldeanos que buscan grandes logros. Símbolos mitológicos que se proyectan hacia las estrellas. Soldados con máscaras de animal que ocultan el horror, lo nuboso, el mal que crece en el alzamiento tecnológico en contra de un legado llamado pagano por los vencedores, de seres eternos que campan por el mundo ayudando y siendo adorados por los humanos.
El humano común se enfrenta al doble dilema: progreso o tradición, realidad o mito, racionalidad o irracionalidad…

Eso es 'La senda de los druidas', un universo rico, con sutilezas y trasfondo que trasciende el tiempo pero lo suficientemente cercano para no apabullar. Comprendemos sus reglas a la primera, no hace falta un periodo de adaptación. Y se agradece la facilidad en la que nos metemos en la trama, como si saltáramos cual Alicia a la madriguera.

'La senda de los druidas' es una historia fácil en apariencia pero con una carga potente y muy simbólica en su interior. Dos caminos paralelos unidos.

El continente es atractivo, muy atractivo y el responsable de eso es Miquel Rodríguez.
Los personajes dibujados por él son carismáticos, no hay minucias ni remilgos en ellos, todos son fuertes, acostumbrados a un universo rotundo.
Las páginas del cómic están llenas de detalles y texturas que incluso podrían llegar al barroquismo pero que luego compensa con paletas de color estudiadas, limpias y acordes narrativamente. El conjunto es equilibrado y profundo. Una suerte de técnica y estudio, de pericia y armonía. Un lujo visual que deslumbra cada vez que se re-descubre la obra.

Y el contenido, un puñal. Fer Jiménez, el escriba, se encarga de lanzarlo. Adornado con un lenguaje florido, casi poético, Argento el bardo nos cuenta su épica. Un viaje de ida y vuelta que es suyo, pero también de sus otros Yo. Una estructura compleja pero de resultado amable. Ahí es cuando te das cuenta del puñal clavado mientras te bañas con agua tibia. La sangre lo cubre todo o lo que es lo mismo, estás atrapado en la madriguera. Solo te queda continuar hasta el final como el buen personaje omnisciente en el que te has convertido sin darte cuenta.

Pero no caminarás solo, Argento, Gaia, Kyprus y Crearwey te acompañarán.

Así son los grandes viajes, nunca acaban. Son historias que resonarán en las tripas de los que la escucharán frente al fuego eones después de que sus protagonistas estén ya con Lugh, Cronos o Shiva. No importa, todo es cíclico, todos volvemos al camino. Lo importante es que lo elijas.  

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Martes, Junio 27, 2017 - 12:46

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